
La misión Artemis II entra en su fase más delicada con el retorno de su tripulación previsto para la noche del viernes, cuando la cápsula Orión americe en el océano Pacífico, frente a San Diego, Estados Unidos.
Tras haber viajado más lejos que cualquier ser humano en la historia, los astronautas enfrentan ahora un descenso que combina alta tecnología, riesgo y precisión extrema.
El piloto Victor Glover confesó que la reentrada ha sido su mayor preocupación desde la asignación de la misión en 2023.
La expectativa crece ante un proceso que él mismo describió como atravesar la atmósfera “montados en una bola de fuego”.
Durante su última jornada en el espacio, los tripulantes repasaron protocolos clave y utilizaron prendas de compresión para mitigar los efectos del retorno a la gravedad terrestre.
La separación de módulos ocurrirá minutos antes del contacto con la atmósfera, permitiendo que el escudo térmico absorba temperaturas cercanas a los 2.700 °C.
Especialistas como Chris James advierten que el ángulo de entrada debe ser exacto, con un margen de error mínimo de un grado.
Un cálculo impreciso podría provocar que la nave rebote fuera de la atmósfera o sufra daños críticos.
El descenso, que durará apenas 13 minutos, incluye un apagón de comunicaciones de seis minutos causado por el plasma generado al calentar el aire.
Durante ese tiempo, la nave viajará a más de 40.000 km/h, reduciendo progresivamente su velocidad gracias a la resistencia atmosférica.
A diferencia de vehículos no tripulados, la cápsula está diseñada para soportar fuerzas G tolerables para humanos, prolongando el proceso de frenado.
Posteriormente, paracaídas piloto y principales estabilizarán la nave hasta lograr un impacto controlado en el mar.
Equipos de rescate aguardarán para asistir a la tripulación, que podría amerizar en distintas posiciones antes de ser estabilizada con airbags.
Según la NASA, los astronautas serán trasladados a atención médica en pocas horas y regresarán a tierra firme en menos de un día.
Este retorno marca la reentrada más veloz de una misión tripulada en medio siglo, consolidando un nuevo capítulo en la exploración espacial.




