
Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en Oriente Medio con el despliegue de un segundo portaaviones, el USS Gerald R. Ford, en un momento en que Washington sostiene negociaciones con Irán. La decisión se produce en medio de crecientes versiones sobre la posible planificación de un ataque por parte de EEUU.
Desde Teherán, las autoridades han reiterado que no buscan la guerra y que mantienen su disposición al diálogo, siempre que se respete el carácter pacífico de su programa nuclear y su soberanía. Para Irán, el incremento del despliegue militar estadounidense envía un mensaje contradictorio y pone en duda la voluntad real de avanzar hacia entendimientos diplomáticos.
Irán será contundente con su respuesta
Mientras Washington exhibe capacidad de disuasión naval, Irán ha advertido que responderá ante cualquier ofensiva, en un escenario donde la diplomacia y la demostración de fuerza avanzan simultáneamente.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Seyed Abbas Aragchi, afirmó que el diferendo nuclear no tiene una salida armada y que “la diplomacia es la única vía viable”.
“No existe una solución militar para el programa nuclear de Irán”, afirmó Aragchi y recordó que, pese a los ataques contra instalaciones y al asesinato de científicos iraníes el año pasado, “no pudieron acabar con nuestro programa nuclear”.
Aragchi subrayó que la tecnología nuclear pertenece a Irán y “no puede ser destruida con bombardeos ni acciones militares”, por lo que cualquier garantía sobre su carácter pacífico debe alcanzarse mediante negociación.
“Si alguien busca una solución para el programa nuclear de Irán y quiere garantizar que siga siendo pacífico, el único camino es la negociación y una solución diplomática”, afirmó, al tiempo que señaló que Washington ha vuelto a la mesa de diálogo.
Frente a ese escenario, Irán realizó un ejercicio naval entre la Armada de la República Islámica de Irán, China y la Federación de Rusia, en el marco del desarrollo de la diplomacia marítima.




