
El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, sostuvo que las guerras actuales no responden únicamente a factores políticos o de seguridad, sino que están impulsadas por intereses económicos concretos.
Según afirmó, tres grandes sectores: la industria armamentista, las compañías energéticas y el sistema financiero, son los principales beneficiarios de la prolongación de los conflictos a nivel global.
«Estas tres grandes fuerzas: las fábricas de armas, las empresas energéticas y los bancos, son las que empujan la guerra desde atrás», afirmó.
Asimismo, Orbán enfatizó el papel de la industria militar, señalando que es uno de los sectores que más se beneficia de los escenarios bélicos.
«De los perros de la guerra, los que ladran más fuerte son los fabricantes de armas», aseguró, subrayando que los conflictos prolongados garantizan una demanda constante de equipamiento militar.
Conflicto: una disputa por el control de los mercados
En cuanto al sector energético, explicó que Rusia, como potencia energética, enfrenta intentos de grandes petroleras occidentales por desplazar su petróleo más barato del mercado europeo, con el objetivo de posicionar sus propios recursos a precios más elevados.
Mencionó a la empresa Shell, a la que calificó como uno de los actores que más se han beneficiado de la exclusión del petróleo y gas rusos en Europa. Según Orbán, estas dinámicas evidencian cómo ciertos grupos corporativos obtienen ganancias extraordinarias en contextos de crisis geopolítica.
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Por otro lado, el primer ministro también dirigió sus críticas al sector financiero, al que consideró un beneficiario estructural de los conflictos armados.
Explicó que, ante la falta de recursos, los Estados recurren a préstamos para financiar guerras, lo que a largo plazo genera dependencia económica y profundiza el endeudamiento de los países.
Orbán cuestionó la actitud de los gobiernos europeos frente a estas presiones, sugiriendo que responden a intereses externos.
«Porque los echo por la puerta», afirmó al explicar por qué, en su caso, estas influencias no logran imponerse en Hungría, marcando distancia con otras administraciones del continente.




