
Irán fortalece su escudo tecnológico con una red de radares avanzados mientras aumentan las presiones de Estados Unidos por su programa nuclear.
En medio de conversaciones en Ginebra, Teherán advirtió que cualquier acción militar tendría consecuencias de gran alcance.
El canciller iraní Abbas Araghchi afirmó que la salida a la crisis no puede ser militar. Según explicó, la única vía real para resolver las diferencias pasa por el diálogo político.
“La opción militar solo agravaría la situación y generaría consecuencias desastrosas, no solo para nosotros, sino quizá para toda la región y la comunidad internacional”, señaló el ministro.
Las tensiones entre Irán y Estados Unidos se han mantenido durante años por las presiones occidentales contra el programa nuclear iraní. En ese contexto, Teherán insiste en que la diplomacia es el único camino para evitar una escalada.
Las declaraciones del presidente Donald Trump, quien dijo que considera una posible intervención militar, provocaron una respuesta inmediata desde Irán.
“Si se habla con respeto, se recibirá respeto”, respondió Araghchi, reiterando que su país no busca confrontación, sino el reconocimiento de su derecho al uso pacífico de la energía nuclear.
Mientras tanto, la República Islámica ha reforzado su arquitectura defensiva. El país ha desarrollado de forma autónoma una red moderna de radares como parte de su estrategia de disuasión.
Estos sistemas cubren tierra, mar y aire, y permiten vigilar zonas clave como el Estrecho de Ormuz. Entre los más avanzados destacan Sepehr y Ghadir, capaces de detectar objetivos a más de 3.000 kilómetros.




