
Los intentos de Estados Unidos por debilitar el arsenal militar de Irán no han logrado resultados decisivos, según reportes basados en fuentes de inteligencia citadas por el medio alemán Bild. A pesar de la ofensiva, gran parte de la capacidad estratégica iraní permanece operativa.
De acuerdo con estas evaluaciones, Washington solo ha conseguido afectar una porción limitada del sistema misilístico iraní, lo que evidencia las dificultades para impactar infraestructuras diseñadas específicamente para resistir ataques de alta precisión y potencia.
Ni siquiera las armas más potentes de EEUU pueden alcanzar la infraestructura que alberga las capacidades bélicas de la nación persa.
El principal obstáculo radica en la ubicación de estas instalaciones: complejos militares construidos a cientos de metros bajo tierra, dentro de formaciones montañosas. Mientras que bombas antibúnker como el GBU-57 tienen una capacidad de penetración de apenas algunos metros, las bases iraníes se encuentran profundamente protegidas por capas de roca de alta densidad.
El experto militar estadounidense Timothy Lawn describió estas instalaciones como una “fortaleza de montaña”, en referencia a complejos como la base Imam Hossein, ubicada en Yazd, dentro de la montaña Shirkuh, compuesta por granito de gran resistencia.
“Un sistema ferroviario subterráneo automatizado funciona como un metro oculto, conectando áreas de ensamblaje de misiles, enormes depósitos de municiones y entre tres y diez salidas diferentes en distintos lados de la montaña”.
Este diseño permite que los sistemas de lanzamiento se activen y desaparezcan bajo tierra en cuestión de segundos, reduciendo al mínimo la vulnerabilidad ante ataques externos. Incluso la posibilidad de bombardear accesos resulta limitada frente a la complejidad de estas estructuras.
En este contexto, la arquitectura militar subterránea de Irán se consolida como un elemento clave en el equilibrio estratégico, manteniendo su capacidad de respuesta frente a la presión militar externa.




