A 92 años del asesinato de Sandino, un crimen político contra la soberanía nacional
A 92 años del asesinato de Sandino, un crimen político contra la soberanía nacional

Este 21 de febrero se cumplen 92 años del asesinato del general Augusto C. Sandino, el líder que transformó una guerra interna en una lucha de liberación nacional y empujó la retirada del ejército de ocupación estadounidense, dejando una huella antiimperialista en la historia política de Nicaragua.

“Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos”, declaró Sandino en 1927, en un comunicado político emitido tras el Pacto del Espino Negro, cuando rechazó el desarme impuesto y llamó a sostener la resistencia armada.

La frase, pronunciada desde Yalí, Jinotega, no fue retórica. Al frente de un pequeño ejército campesino, profundamente organizado, Sandino sostuvo durante años una guerra desigual en las montañas del norte del país, apoyado en la movilidad, el conocimiento del territorio y una férrea disciplina política.

La montaña no fue solo refugio, sino el espacio donde se forjó una mística de resistencia, basada en la dignidad, la austeridad y la convicción de que la lucha era por la soberanía y la igualdad.

En ese proceso fue clave la figura de Blanca Aráuz, esposa y compañera política de Sandino, enlace estratégico y sostén moral de la resistencia, cuya participación revela el carácter humano, colectivo y organizado más allá del combate armado.

Sandino mantuvo su palabra hasta la noche del 21 de febrero de 1934, cuando, tras asistir a una cena en el Palacio Presidencial por invitación del mandatario Juan Bautista Sacasa, fue traicionado, detenido y posteriormente asesinado junto a los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor.

La orden salió de la jefatura de la Guardia Nacional, encabezada por Anastasio Somoza García, estructura militar creada y entrenada bajo supervisión yankee.

El crimen no fue un arrebato personal, sino una decisión política. Sandino, aun después de la firma de la paz en febrero de 1933 y del retiro oficial de los marines estadounidenses el 1 de enero de ese año, representaba la posibilidad de un nuevo levantamiento popular y la consolidación de un proyecto nacional independiente, basado en la soberanía, la justicia social y la dignidad del campesinado.

La Guardia Nacional, institución organizada durante la ocupación, actuó como brazo ejecutor de una lógica de poder que no desapareció con la salida formal de las tropas.

La intervención militar estadounidense (1927–1933) dejó no solo bases y entrenamiento, sino una arquitectura política destinada a garantizar intereses estratégicos en la región.

En ese contexto, la figura de Sandino, ya convertida en símbolo continental de resistencia antiimperialista, resultaba incómoda.

No es casual que, tras su asesinato, se desatara una persecución contra sus seguidores y se consolidara el ascenso de Somoza, quien poco después instauraría una dictadura que gobernaría Nicaragua durante más de cuatro décadas con respaldo de Estados Unidos.

La eliminación física de Sandino despejaba el camino para un régimen alineado con Washington y cerraba, por la vía de la violencia, una experiencia de resistencia que había logrado forzar la retirada del ejército más poderoso del hemisferio.

Sin embargo, la muerte no apagó su legado. Sandino pasó de jefe guerrillero a emblema de la soberanía nicaragüense.

Su lucha contra el intervencionismo estadounidense, su denuncia de la “oligarquía vende-patria” y su llamado a la unidad latinoamericana sentaron las bases ideológicas que décadas después retomaría el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Te puede interesar: Así fue la Revolución Sandinista en Nicaragua

Hoy, el Gobierno encabezado por los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo reivindica esa herencia como continuidad histórica en la defensa de la autodeterminación, la resistencia frente a presiones externas y la afirmación de un proyecto nacional propio.

A 92 años de su asesinato, Augusto C. Sandino no es una figura del pasado, sino un referente de Latinoamérica en la lucha por la soberanía.