
La administración de Donald Trump intensifica sus maniobras para contener el encarecimiento del petróleo, en un contexto de fuerte presión económica interna y a pocos meses de las elecciones legislativas.
Pese a múltiples decisiones adoptadas desde la Casa Blanca, el precio de los combustibles continúa en ascenso y golpea directamente a los consumidores estadounidenses.
El mayor productor mundial de crudo enfrenta crisis sin control
El detonante principal ha sido el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, en respuesta a los bombardeos ejecutados por Estados Unidos e Israel sobre Teherán.
Este paso estratégico concentra una porción significativa del tránsito energético global, incluyendo gas natural, petróleo y materias clave para fertilizantes.
Como consecuencia, los mercados reaccionaron con volatilidad extrema y un alza sostenida de los precios.
Los ataques contra el yacimiento gasista South Pars, el mayor del mundo, junto con otras instalaciones en Irán y la posterior respuesta en Qatar, profundizaron la crisis.
El crudo Brent superó los 111 dólares por barril, mientras que el WTI en Estados Unidos se aproxima a los 100 dólares, acumulando un incremento cercano al 50% desde el inicio de las hostilidades, evidenciando el impacto directo del conflicto en la economía global.
Trump y sus discursos ambiguos
En medio de este panorama, Trump ha mostrados ciertas contradicciones. Por un lado, resta importancia al aumento de los combustibles y asegura que los precios caerán tras el fin del conflicto.
Sin embargo, en paralelo ha impulsado diversas medidas para intentar frenar la escalada, como la suspensión temporal de la Ley Jones durante 60 días, con el objetivo de aumentar el transporte energético para el país.
“Creo que los precios de la gasolina, en cuanto esto termine, se desplomarán junto con todo lo demás”, afirmó el mandatario. “Se verá una gran disminución en el precio de la gasolina, el gas, todo lo relacionado con la energía, tan pronto como esto termine” agregó.
A pesar de estas acciones, los efectos ya son visibles en la economía doméstica. El precio de la gasolina alcanzó los 3,842 dólares por galón, un aumento del 31% en un mes, el mayor en tres décadas.
El diésel, por su parte, superó los cinco dólares por galón, afectando sectores clave como la agricultura y el transporte, mientras expertos advierten que la presión alcista persistirá si no se restablece el flujo energético en Oriente Medio.




