
Venezuela enfrentó el 24 de junio una secuencia sísmica poco común y extremadamente peligrosa. Un terremoto de magnitud 7,2 fue seguido apenas 39 segundos después por otro de magnitud 7,5, cuando las ondas del primer movimiento todavía se propagaban por el territorio nacional.
Según expertos, la corta separación entre ambos eventos es una de las principales razones por las que el impacto fue tan devastador. Las edificaciones, carreteras y demás infraestructuras afectadas por el primer movimiento no tuvieron tiempo de estabilizarse antes de recibir una segunda sacudida todavía más potente.
Un doblete sísmico
La secuencia ha sido identificada como un doblete sísmico, término empleado para describir dos terremotos de magnitudes similares que ocurren muy cerca en el tiempo y el espacio. En este caso, el primer evento fue clasificado como un sismo precursor y el segundo, de mayor magnitud, como el movimiento principal.
El doctor Christian Málaga-Chuquitaype, especialista en ingeniería sísmica del Imperial College London, explicó que uno de los factores que volvió más destructivo el fenómeno fue el “doble impacto”: un terremoto de magnitud 7,2 seguido por otro de 7,5.
“Una estructura debilitada por el primer impacto no habría tenido tiempo de recuperarse antes del segundo golpe”, afirmó el experto.
El primer terremoto pudo afectar columnas, paredes, conexiones y otros componentes estructurales. Segundos después, el evento de mayor magnitud volvió a someterlos a una intensa carga, elevando considerablemente el riesgo de colapso.
La poca profundidad aumentó la intensidad
Otro factor decisivo fue la profundidad de los terremotos. Los registros situaron al primero a unos 20 kilómetros bajo la superficie y al segundo a aproximadamente 10 kilómetros. Los terremotos superficiales suelen causar sacudidas más intensas cerca del epicentro porque sus ondas recorren una distancia menor antes de alcanzar la superficie.
La magnitud, por sí sola, no determina el nivel de destrucción. También influyen la profundidad, la duración de la sacudida, la cercanía con ciudades y comunidades, el tipo de suelo y la capacidad de las edificaciones para resistir movimientos sísmicos.
El segundo terremoto fue más superficial y más potente. Esa combinación favoreció una transmisión más directa de la energía hacia las zonas pobladas y las infraestructuras cercanas.
Una región marcada por la actividad tectónica
El norte de Venezuela se encuentra en una zona sísmicamente activa, donde interactúan las placas del Caribe y Sudamericana. El desplazamiento constante entre ambas acumula tensión en distintos sistemas de fallas que atraviesan el territorio venezolano.
Cuando la resistencia de las rocas es superada, la energía acumulada se libera de forma repentina y genera un terremoto. Los primeros análisis indican que los eventos del 24 de junio estuvieron relacionados con desplazamientos laterales de bloques de la corteza.
La cercanía de los epicentros con comunidades de los estados Carabobo y Yaracuy incrementó la exposición de la población. Las ondas también alcanzaron Caracas y otras regiones del país, pese a encontrarse a una distancia considerable de la zona central de la ruptura.
Cariaco: el último terremoto devastador antes de 2026
Antes de los terremotos del 24 de junio de 2026, el último sismo devastador registrado en Venezuela ocurrió el 9 de julio de 1997. El terremoto de Cariaco, en el estado Sucre, alcanzó una magnitud cercana a 7,0 y golpeó especialmente las poblaciones de Cariaco y Cumaná.
El movimiento provocó decenas de fallecidos, más de 500 heridos y graves daños en viviendas, centros educativos y otras edificaciones. Aunque Venezuela registró posteriormente terremotos de mayor magnitud, como el de 7,3 ocurrido en 2018, estos no causaron un nivel comparable de víctimas y destrucción.




