
Kiev vivió durante la noche del 1 al 2 de julio una ofensiva aérea de gran magnitud, luego de que Rusia lanzara un ataque masivo contra instalaciones militares y vinculadas al sector de defensa en la capital ucraniana.
«El ataque más intenso (…) con misiles balísticos, misiles de crucero y drones», declaró el alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, al describir la magnitud de los bombardeos a través de sus redes sociales. El funcionario calificó la ofensiva como la más severa registrada contra en los últimos meses.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia sostuvo que la operación estuvo dirigida únicamente contra instalaciones militares y paramilitares ubicadas en Kiev y sus alrededores.
Según el comunicado oficial, entre los objetivos alcanzados figura una planta dedicada a la fabricación de sistemas de guiado para los misiles Flamingo y Fire Point, considerados parte de la infraestructura de defensa ucraniana.
En un informe independiente, la cartera de Defensa rusa aseguró que sus tropas están concluyendo las operaciones para desalojar a las fuerzas ucranianas aisladas en la localidad de Konstantínovka, situada al norte de la República Popular de Donetsk.
Moscú sostiene que las unidades de Kiev permanecen dispersas mientras continúan las acciones militares en esa zona.
De acuerdo con la versión rusa, Konstantínovka era un importante centro industrial y un nodo ferroviario estratégico antes del conflicto en Donbás.
Además, afirmó que la ciudad fue transformada posteriormente en una fortaleza defensiva y un centro logístico clave para el abastecimiento del Ejército ucraniano.
Moscú considera que su eventual control facilitaría un avance hacia Kramatorsk y Slaviansk, debilitando la capacidad defensiva de las fuerzas ucranianas en el oeste de la región.




