
Nepal inició entierros colectivos de víctimas que aún no han podido ser identificadas por sus familiares, tras la devastadora riada que golpeó la frontera nepalesa y china.
Las autoridades recurren a esta medida ante la llegada constante de cadáveres, el avanzado estado de descomposición y la saturación de las morgues en las regiones afectadas.

Numerosos cuerpos fueron arrastrados por las corrientes durante casi 200 kilómetros hasta Chitwan, uno de los principales puntos de recuperación, las autoridades habían localizado 272 cadáveres hasta el 31 de agosto, de los cuales apenas 12 habían sido identificados. Mientras 199 cuerpos sin identificar, fueron sepultados temporalmente en una zona forestal de Devghat, en Bharatpur al sur de Nepal. Antes de los entierros, los equipos forenses toman fotografías, recopilan información y conservan muestras de ADN para facilitar una eventual identificación, y permitir posteriormente la entrega de los restos a sus familiares.

Los entierros temporales también se han realizado en Katmandú, mientras las autoridades continúan buscando a miles de desaparecidos. El procedimiento ha provocado cuestionamientos entre familiares, especialmente porque la tradición hinduista predominante en Nepal establece generalmente la cremación de los fallecidos.
La emergencia continúa agravándose, mientras Nepal intenta dimensionar una de las mayores catástrofes de su historia reciente.







