Marineros y marines estadounidenses en un ambiente de fiesta nocturna en Pattaya, Tailandia.
Imágenes muestran a marines estadounidenses disfrutando de una noche de excesos en Pattaya, Tailandia conocida como “la ciudad del pecado”.

Luego de una larga jornada de 286 días en alta mar, lanzando ataques y asesinando civiles en Irán, la tripulación del USS Abraham Lincoln de Estados Unidos llegó a Tailandia. En Pattaya, el escenario cambió radicalmente: noches de fiesta, alcohol, drogas, clubes y excesos en una de las ciudades más conocidas por su desenfrenada vida nocturna.

Videos que circularon rápidamente mostraron a militares estadounidenses semidesnudos y aparentemente ebrios, protagonizando escenas muy alejadas de la imagen de disciplina asociada a las fuerzas armadas. La escala que debía ser un respiro terminó convirtiéndose en un escaparate incómodo.

No era una escapada cualquiera. Cerca de 5,000 marinos llegaron a una ciudad cuya fama mundial también nació, en parte, de la presencia de militares estadounidenses durante la guerra de Vietnam.

Durante cinco días, la tripulación pudo descansar y gastar alrededor de 3 millones de dólares en la economía local. Pero mientras los comercios celebraban la llegada del gigantesco buque, la conducta de algunos uniformados comenzó a generar titulares y cuestionamientos.

Un pasado ligado a las tropas estadounidenses

La ciudad tampoco recibió al USS Abraham Lincoln como a cualquier visitante. En la entrada de Walking Street, uno de los sectores más famosos de la vida nocturna y la prostitución de Pattaya, un enorme letrero de neón anunciaba: La ciudad de Pattaya se complace en dar la bienvenida al portaaviones USS Abraham Lincoln y a su personal.

Décadas atrás, las tropas estadounidenses que utilizaban bases en Tailandia hicieron de este lugar un destino de descanso y entretenimiento, ayudando a convertirlo en el fenómeno turístico que hoy es.

Imagen de la pantalla LED donde se lee la bienvenida a los militares estadounidenses a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, durante su llegada a Pattaya, Tailandia.

El alcalde de Pattaya, Poramase Ngampiches, no esquivó esa herencia. Recordó que las visitas de militares estadounidenses de hace 50 o 60 años contribuyeron a poner la ciudad en el mapa turístico internacional.

Y aunque Pattaya intenta proyectarse más allá de su vieja reputación, el propio alcalde reconoció: “Hay que ser francos: la ciudad es conocida por las chicas de los bares. Entendemos los estereotipos. No podemos evitarlo”.

En otras palabras, el pasado que convirtió a Pattaya en un destino de descanso para soldados todavía forma parte de su identidad.

La polémica no terminó en los clubes. The Independent reportó que dos militares estadounidenses fueron sancionados y confinados a bordo del portaaviones después de verse involucrados en una pelea mientras estaban ebrios.

Frente a los cuestionamientos, el agregado naval estadounidense, Kristopher Robinson, sostuvo que los marinos debían respetar las leyes de Estados Unidos, las normas de la Marina y la legislación tailandesa, además de defender que se busca ofrecerles oportunidades de descanso.

Así, entre millones de dólares gastados, luces de neón y videos incómodos, Pattaya volvió a poner frente al espejo una vieja postal del poder militar estadounidense.