Montaje político con un mandatario estadounidense, billetes de dólares y urnas electorales.
Donald Trump en un mitin político en Estados Unidos.

Donald Trump elevó su apuesta electoral al prometer US$5.000 a cada adulto estadounidense si los republicanos conservan el control del Congreso en las elecciones de noviembre. El anuncio llega en uno de los momentos más delicados de su segundo mandato, con encuestas que sitúan su aprobación en mínimos y candidatos republicanos intentando tomar distancia de su figura en contiendas cerradas.

“Si ganan los republicanos, ustedes ganan con nosotros y reciben 5.000 dólares. Se llamará el Dividendo Trump”, afirmó durante la convención republicana en Dallas.

La propuesta, presentada sin un mecanismo concreto de financiación, tendría un costo estimado de entre US$1,2 y US$1,35 billones y necesitaría la aprobación del Congreso. El anuncio expone la presión que enfrenta la Casa Blanca: encuestas recientes colocan la aprobación de Trump entre 33 % y 36 %, mientras crece el descontento por el costo de vida y la prolongación del conflicto con Irán.

“Les estoy pidiendo que finjan que estoy en la boleta”, dijo Trump a sus seguidores, colocando su propia figura en el centro de unas elecciones en las que los republicanos corren el riesgo de perder al menos una de las cámaras del Congreso.

Las dudas sobre la promesa también alcanzan su viabilidad económica. Estados Unidos mantiene un déficit presupuestario anual cercano a los US$1,8 billones y una deuda nacional que ya superó los US$40 billones.

El economista Marc Goldwein cuestionó la idea de presentar el pago como un dividendo, señalando que el Gobierno federal no dispone de excedentes que repartir.

Sin embargo, la promesa comenzó a reducirse pocas horas después. El vicepresidente JD Vance matizó el anuncio y señaló que los estadounidenses de mayores ingresos podrían quedar excluidos del llamado “Dividendo Trump”, pese a que el mandatario había prometido inicialmente US$5.000 a cada adulto del país.

El anuncio refleja así una estrategia cada vez más agresiva para intentar revertir el desgaste político de Trump antes de los comicios del 3 de noviembre. Incluso dentro del Partido Republicano existe preocupación por el efecto que su baja popularidad pueda tener sobre candidatos que disputan estados y distritos clave; varios de ellos optaron por no asistir a la convención de Dallas.