
A casi dos años del inicio del segundo mandato de Donald Trump, la economía estadounidense enfrenta una creciente presión por el aumento de la deuda, el gasto público y los efectos de la guerra en Oriente Medio.
La deuda nacional bruta de Estados Unidos alcanzó esta semana los 40 billones de dólares, impulsada por un gasto federal que crece a un ritmo muy superior a la recaudación.
El endeudamiento aumenta aproximadamente un billón de dólares cada 100 días y acumula un incremento de 11,6 billones durante los dos períodos presidenciales de Trump, detalló el diario financiero Financial Times.
La situación se profundizó con la aprobación de la One Beautiful Bill Act, que estableció de forma permanente la reducción del impuesto corporativo del 35 % al 21 %. Al mismo tiempo, el techo de la deuda fue elevado en cerca de cinco billones de dólares y el presupuesto de Medicaid sufrió un recorte del 12 %.
Del total de la deuda, unos 32 billones de dólares corresponden a obligaciones adquiridas con inversores nacionales y extranjeros. Entre los principales acreedores externos figuran Japón, con 1,203 billones; Reino Unido, con 889.000 millones; y China, con 683.000 millones de dólares.
El servicio de la deuda ya representa cerca de 1,1 billones de dólares anuales, superando incluso el presupuesto destinado a defensa y convirtiéndose en una de las mayores cargas del gasto federal.
El creciente endeudamiento también ha golpeado los mercados financieros. La desconfianza sobre la sostenibilidad del déficit llevó los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo a niveles no vistos en 19 años.
Ante las turbulencias, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un plan para duplicar las compras de deuda de largo plazo. Sin embargo, la medida no consiguió contener los rendimientos y aumentó la presión sobre el dólar.
Bessent defendió la capacidad de Washington para superar el problema y afirmó que Estados Unidos puede “salir del agujero de la deuda mediante el crecimiento”.
La guerra contra Irán y la tensión en el estrecho de Ormuz han añadido otra presión sobre la economía estadounidense. El bloqueo parcial de la estratégica ruta marítima ha generado fuertes alteraciones en el suministro mundial de petróleo.
En Estados Unidos, la gasolina aumentó cerca de 40 %, hasta alcanzar los 4,11 dólares por galón, mientras el diésel llegó a 5,58 dólares. Las tasas hipotecarias a 30 años también subieron hasta el 6,65 %, aumentando la presión sobre el mercado inmobiliario.
Ante el riesgo de una nueva ola inflacionaria, la Reserva Federal decidió mantener sin cambios los tipos de interés.
El problema no se limita al Gobierno. La deuda combinada de hogares, empresas, bancos y sector público estadounidense llegó a 115,5 billones de dólares, equivalente al 360 % del PIB.
Mientras tanto, Wall Street moviliza más de 500.000 millones de dólares para desarrollar infraestructura vinculada a la inteligencia artificial. Si estas inversiones no generan los retornos esperados, analistas advierten que el sector tecnológico podría sufrir una fuerte corrección y aumentar el riesgo de insolvencias en el mercado crediticio.
Con una deuda récord, mayores costos energéticos, menor confianza del consumidor y un crecimiento económico por debajo de las expectativas, Estados Unidos enfrenta una combinación de presiones fiscales, financieras y geopolíticas que amenaza con extender sus efectos mucho más allá de sus fronteras.




