Europa vuelve a estar bajo presión energética. La caída de las importaciones de gas natural licuado (GNL), las bajas reservas y la crisis en Asia Occidental amenazan el suministro para el próximo invierno.
Desde 2022, la Unión Europea (UE) redujo su dependencia del gas ruso por gasoducto y aumentó las compras de GNL a Estados Unidos y Qatar. Sin embargo, esta estrategia también la hizo depender de rutas marítimas vulnerables a conflictos.
A finales de julio, las reservas de gas de la UE estaban al 55,7 % de su capacidad. Portugal tenía un 84 %, Italia un 74 %, Alemania un 46,2 % y Suecia apenas un 11,5 %.
Bruselas busca llegar al 90 % de almacenamiento antes del 1 de noviembre. No obstante, la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER) calcula que para alcanzar siquiera el 80 % Europa tendría que aumentar un 13 % sus importaciones de GNL.
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Europa afronta una crisis energética prolongada
Si el invierno resulta más frío de lo previsto, algunos modelos calculan que las reservas podrían caer hasta el 27 % al finalizar la temporada. La volatilidad también aumenta por las amenazas entre Irán y Estados Unidos y los posibles acuerdos diplomáticos.
El problema podría prolongarse hasta 2028. Los nuevos proyectos de exportación de Qatar acumulan retrasos y no alcanzarían plena capacidad hasta la segunda mitad de 2027.
Además, la UE planea prohibir las importaciones de GNL ruso desde enero de 2027 y endurecer las normas sobre emisiones de metano. Estas medidas podrían reducir todavía más el margen de maniobra europeo.
Aunque las energías renovables podrían evitar un colapso eléctrico, Europa enfrenta un periodo prolongado de energía costosa.




