
La ofensiva militar de Estados Unidos contra Irán habría generado un costo aproximado de 40.000 millones de dólares para el Pentágono, de acuerdo con cálculos preliminares realizados por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
El análisis contempla gastos directos vinculados a las operaciones militares desarrolladas durante el conflicto.
Según el asesor principal del CSIS, Mark Cancian, la cifra incluye el valor de las municiones utilizadas, equipos destruidos y daños registrados en instalaciones militares estadounidenses ubicadas en la región.
Sin embargo, aclaró que el cálculo no incorpora los costos operativos habituales, ya contemplados dentro del presupuesto fiscal 2026 del Departamento de Defensa, que supera el billón de dólares.
“Los gastos estimados consideran las pérdidas materiales y el empleo de armamento estratégico, pero excluyen partidas operativas previamente asignadas en el presupuesto anual”, declaró Cancian.
El especialista subrayó que se trata de una evaluación inicial que podría modificarse conforme avance la recopilación de datos oficiales.
Fuentes de la Administración estadounidense señalaron que el Pentágono presentó ante el Congreso una solicitud adicional de 80.000 millones de dólares.
No obstante, menos de 20.000 millones estarían directamente asociados a necesidades urgentes derivadas de la confrontación con Irán que no contempla diversos gastos futuros relacionados con reparaciones de infraestructura y mantenimiento de bases afectadas.
Las municiones representaron el componente más costoso de la operación debido al uso intensivo de sistemas de ataque de largo alcance, entre ellos los misiles Tomahawk que incrementaron significativamente la factura militar derivada de las hostilidades.
El impacto económico también se extendió a otras dependencias gubernamentales. Estimaciones citadas por el CSIS indican que organismos como Seguridad Nacional y Asuntos de Veteranos habrían asumido cerca de 1.000 millones de dólares en gastos adicionales.
A ello se suma el efecto sobre los consumidores estadounidenses, quienes desembolsaron en promedio 253 dólares más por hogar debido al incremento del precio de los combustibles.




