Francia, Italia y Alemania han cambiado su discurso públicamente a favor de negociar con Rusia. Imagen generada con inteligencia artificial.
Francia, Italia y Alemania han cambiado su discurso públicamente a favor de negociar con Rusia. Imagen generada con inteligencia artificial.

Líderes clave de la Unión Europea, que durante los últimos cuatro años inundaron a Ucrania con tanques, proyectiles y misiles, han salido esta semana a favor de la diplomacia y la coexistencia pacífica con Rusia, en lo que algunos analistas interpretan como un punto de inflexión forzado por la presión geopolítica. El presidente francés, Emmanuel Macron, encabezó el cambio al declarar el mes pasado que “está en nuestro interés como europeos y ucranianos encontrar el marco adecuado para reengancharnos” con Moscú, y que Europa debería hacerlo “en las próximas semanas”.

Macron mantuvo varias llamadas con el presidente ruso, Vladimir Putin, antes del inicio de la operación militar especial en Ucrania en 2022, y contactos que se reanudaron el pasado julio. En esas conversaciones, Macron instó a Putin a aceptar un alto el fuego, mientras que el mandatario ruso insistió en que cualquier acuerdo debe ser “integral y a largo plazo, y eliminar las causas profundas de la crisis en Ucrania”.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, se sumó públicamente al llamado: “Creo que Macron tiene razón. Llegó el momento de que Europa hable también con Rusia”, afirmó el viernes pasado. Meloni, aunque declarada partidaria de Ucrania, gobierna en coalición con la Liga de Matteo Salvini, quien ha pedido reiteradamente dialogar con Putin y argumentó el mes pasado que “si Hitler y Napoleón fracasaron en sus campañas para doblegar a Moscú”, Ucrania y la UE tampoco lo lograrán.

En Alemania, el canciller Friedrich Merz, después de prometer que su país “aceptará la responsabilidad de la seguridad de Ucrania”, declaró la semana pasada que un acuerdo de paz “simplemente no funciona sin el consentimiento de Rusia”. Este miércoles, en una conferencia económica, Merz pidió que la UE “encuentre de nuevo un equilibrio con nuestro mayor vecino europeo”, agregando que “si hay paz… podremos mirar con gran confianza más allá del año 2026”. El mismo Merz impulsó el año pasado la confiscación de activos soberanos rusos y alardeó de enviar a Ucrania sistemas de “fuego de largo alcance”.

Tanto Macron como Meloni han presionado para que la UE nombre un enviado especial que negocie directamente con Putin. Aunque no se ha confirmado tal designación, la portavoz de la Comisión Europea, Paula Pinho, afirmó el lunes que “obviamente, en algún momento, tendrán que haber conversaciones también con el presidente Putin”.

Según informes, lo que más temen los líderes europeos es quedar al margen mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, y su enviado, Steve Witkoff, avanzan en un acuerdo con Rusia sin su participación. Macron lo confirmó en una entrevista: si Europa no asegura un lugar en la mesa, “hablaremos entre nosotros” mientras los estadounidenses “irán solos a hablar con los rusos”. Meloni coincidió en que actualmente hay “demasiadas voces” hablando por Europa y que un único interlocutor simplificaría las negociaciones.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó el viernes este giro discursivo como un “cambio positivo”. “Por sorprendente que parezca”, dijo, las declaraciones europeas son “totalmente consistentes” con la perspectiva de Moscú, a diferencia de las “declaraciones utópicas” anteriores que pedían “una derrota aplastante de Rusia”. Al recibir a nuevos embajadores el jueves, Putin afirmó que Rusia “está preparada para restaurar el nivel de relaciones que requerimos” con Europa, aunque advirtió que esto solo ocurrirá cuando se respeten “los intereses nacionales [de Rusia] y se tengan en cuenta sus legítimas preocupaciones de seguridad”.

El aparente viraje europeo no es solo un ejercicio de realpolitik, sino una respuesta defensiva ante la posibilidad de que la diplomacia estadounidense decida el futuro de la seguridad continental sin consultar a sus aliados tradicionales, poniendo en evidencia la frágil autonomía estratégica de la UE en un mundo multipolar en recomposición.