
A una semana de la catástrofe que arrasó comunidades enteras en Nepal, la esperanza de encontrar personas con vida se concentra ahora bajo tierra. Equipos especializados intentan acceder a túneles de proyectos hidroeléctricos destruidos por la avalancha de agua, hielo y rocas, donde cientos de trabajadores podrían continuar atrapados.
Las autoridades estiman que alrededor de 900 trabajadores pudieron quedar atrapados inicialmente en túneles de centrales hidroeléctricas, aunque las cifras continúan siendo revisadas conforme avanzan las operaciones. Equipos procedentes de India, China y Estados Unidos se han sumado a los trabajos, mientras maquinaria pesada comienza a llegar a zonas que durante días permanecieron aisladas por la destrucción de carreteras y puentes.

Las labores se concentran especialmente en estructuras donde existen cámaras de aire y espacios que podrían haber protegido a trabajadores del impacto inicial. Medios internacionales señalan que las posibilidades de hallar sobrevivientes en otras áreas disminuyen rápidamente, pero los túneles mantienen viva una expectativa distinta.
Más de 11.000 personas han sido rescatadas desde el desastre, mientras miles continúan desaparecidas. El balance de víctimas supera ya el millar y las autoridades siguen intentando alcanzar instalaciones hidroeléctricas destruidas, algunas de ellas completamente cubiertas por toneladas de sedimentos.
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Pero lejos de las grandes operaciones de rescate existe otra búsqueda y mucho más silenciosa.
Un padre camina durante días buscando a su hijo

Talka Sada no forma parte de ningún equipo oficial. Sin recursos suficientes y desesperado por encontrar a su hijo desaparecido, pidió prestado alrededor de 13 dólares y comenzó a recorrer a pie las zonas afectadas por las inundaciones.
Con una bolsa de plástico naranja y con el cansancio en sus ojos, lleva días desplazándose entre comunidades destruidas, hospitales y puntos donde aparecen cuerpos irreconocibles o sobrevivientes, siguiendo cualquier información que pueda acercarlo a una respuesta.
“No te imaginas cuánto está llorando mi esposa. Yo también estoy sufriendo mucho y no sé qué hacer”, cuenta desconsolado mientras seca sus lágrimas.

Su historia refleja la realidad de numerosas familias que continúan buscando por su cuenta. Mientras helicópteros, excavadoras y especialistas trabajan en los principales puntos del desastre, familiares recorren carreteras dañadas y largas distancias con fotografías y nombres, intentando localizar a quienes desaparecieron cuando la corriente arrasó viviendas, obras y comunidades.




