
La tensión entre Estados Unidos e Israel sumó un nuevo capítulo luego de que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, afirmara que el Estado israelí no puede resolver sus desafíos de seguridad recurriendo exclusivamente a la violencia.
Sus declaraciones surgieron en medio de la controversia generada por el memorando de entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán, que busca abrir una nueva etapa de diálogo en Oriente Medio.
Durante una entrevista concedida al diario The New York Times, Vance criticó las reacciones de sectores israelíes que rechazan el acuerdo preliminar con Irán y aseguró que algunos de sus detractores han “entrado en pánico”.
“Son un país de nueve millones de habitantes. No pueden simplemente resolver todos sus problemas de seguridad nacional a base de violencia”, sostuvo el vicepresidente estadounidense.
Señaló que gran parte de las críticas parecen estar impulsadas por la desconfianza, aunque defendió que Washington ha demostrado ser un socio confiable en la región.
Las declaraciones provocaron una rápida respuesta desde Israel. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, replicó a Vance a través de redes sociales y comparó a Irán con la Alemania nazi, instando a la Administración de Donald Trump a enfrentar a Teherán con la misma determinación que Estados Unidos mostró durante la Segunda Guerra Mundial.
“La propuesta es hacer frente a los nazis del siglo XXI”, escribió el funcionario israelí.
Vance volvió a marcar distancia respecto a la posición tradicional de respaldo a Tel Aviv al asegurar que no deposita una confianza absoluta en ningún actor internacional, incluido Israel.
“No confío en nadie”, afirmó durante una entrevista, aunque reconoció la capacidad israelí y destacó la cooperación existente cuando ambos países comparten intereses estratégicos.
El vicepresidente también cuestionó recientes acciones militares israelíes en Beirut, ocurridas mientras Washington impulsaba negociaciones de paz en la región. Aunque reiteró que Israel tiene derecho a defenderse, insistió en la necesidad de una mayor coordinación y respeto al proceso de paz, reflejando un tono poco habitual dentro de la relación entre Washington y Tel Aviv y que coincide con las recientes críticas expresadas por el presidente Donald Trump hacia operaciones israelíes en el Líbano.




