
El precio de la gasolina en Estados Unidos superó nuevamente los 4 dólares por galón, alcanzando niveles no vistos desde 2022 en medio de la escalada del conflicto con Irán. La subida, impulsada por la inestabilidad del suministro global, evidencia cómo la crisis energética internacional termina repercutiendo directamente en la economía estadounidense.
Según datos de la American Automobile Association, el promedio nacional llegó a 4,018 dólares, tras un incremento acelerado desde finales de febrero, coincidiendo con el inicio de las operaciones militares. El aumento responde principalmente a las tensiones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
“Prevemos la posibilidad de una interrupción en el suministro de combustible estadounidense”, advirtió el director de la Agencia de Protección Ambiental, Lee Zeldin, al anunciar medidas de emergencia para sostener el abastecimiento interno.
El encarecimiento del combustible ocurre en paralelo a un aumento del crudo por encima de los 100 dólares por barril, impulsado por el mismo escenario de incertidumbre global. Sin embargo, desde la Casa Blanca, Donald Trump ha insistido en minimizar el impacto del conflicto, señalando que los altos precios incluso pueden beneficiar a Estados Unidos como productor energético.
A pesar de ese discurso, los datos muestran una tendencia distinta: el alza del combustible, la presión sobre los hogares y la volatilidad del mercado evidencian que la confrontación con Irán sí tiene efectos concretos dentro del propio territorio estadounidense. Incluso el vicepresidente JD Vance reconoció la complejidad del momento, aunque calificó el fenómeno como temporal.
En medio de esta contradicción, las propias declaraciones de Trump, que incluyen advertencias sobre ataques a la infraestructura energética iraní y presiones para controlar el tránsito en Ormuz, han contribuido a tensar aún más el escenario energético global.




