Nueva estrategia militar refuerza la escalada y amenaza la estabilidad internacional
Nueva estrategia militar refuerza la escalada y amenaza la estabilidad internacional

Estados Unidos avanza en el desarrollo de una nueva arma nuclear antibúnker, que alimenta la carrera armamentista global, profundizando las tensiones internacionales.

El proyecto, impulsado por el Departamento de Energía, pretende ampliar las capacidades estratégicas del arsenal estadounidense.

De acuerdo con información difundida por The War Zone, la iniciativa forma parte de una solicitud presupuestaria para 2027 que contempla millones de dólares destinados a este sistema.

El programa ha sido denominado “Sistema de Disuasión Nuclear Lanzado desde el Aire” (NDS-A, por sus siglas en inglés).

Actualmente, Washington dispone únicamente de la bomba B61-11 como arma de penetración profunda, con un número limitado de unidades. Sin embargo, las autoridades consideran insuficiente esta capacidad frente a la evolución de infraestructuras militares altamente protegidas.

“El nuevo programa proporcionará al presidente opciones nucleares adicionales para destruir objetivos resistentes y profundamente enterrados”, señaló la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA), justificando la necesidad de esta modernización.

Además, la entidad subrayó que el objetivo es impedir que potenciales adversarios resguarden activos estratégicos fuera del alcance de las fuerzas estadounidenses. En ese sentido, el desarrollo responde tanto a la proliferación de búnkeres como al avance de sistemas de defensa aérea.

“El propósito es garantizar que los adversarios no puedan situar sus activos más valiosos fuera del alcance de las fuerzas nucleares estadounidenses”, añadió la NNSA en su evaluación oficial.

Aunque aún se desconocen detalles técnicos, se prevé que el sistema pueda ser desplegado desde aeronaves como el B-2 y el futuro B-21 Raider, con un presupuesto inicial de 99,8 millones de dólares y pruebas en desarrollo.

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El desarrollo de una nueva bomba nuclear no solo incrementa el riesgo de una escalada bélica de consecuencias incalculables, sino que también evidencia la priorización del gasto militar por parte de Estados Unidos sobre necesidades sociales urgentes.