
China reforzó su avance científico con el envío de experimentos biológicos y tecnología energética avanzada, desde la nave de carga Tianzhou-10 hacia su misión espacial Tiangong.
“En los últimos años, China ha consolidado una capacidad espacial independiente y sostenible”, destacaron medios estatales chinos tras el despegue del cohete Larga Marcha-7 desde el centro espacial de Wenchang.
La nave se acopló exitosamente al módulo central Tianhe horas después del lanzamiento, la cual transportó unas 6,2 toneladas de suministros y más de 220 artículos destinados a garantizar el funcionamiento de la estación espacial y la permanencia de las futuras tripulaciones Shenzhou-23 y Shenzhou-24.
Uno de los elementos más relevantes de la misión son los embriones humanos artificiales derivados de células madre, además de embriones de pez cebra y ratón.
Según la cadena estatal CCTV, estos modelos no pueden desarrollarse como seres humanos, pero permitirán estudiar cómo la microgravedad y la radiación afectan el desarrollo biológico y la reproducción en el espacio.
Asimismo, la misión incluye células solares ultrafinas y flexibles, diseñadas para futuras constelaciones de internet satelital chinas.
Pekín también envió un instrumento de monitoreo de gases de efecto invernadero desarrollado por la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, con el objetivo de fortalecer el seguimiento global de emisiones de carbono.
La misión Tianzhou-10 evidencia el crecimiento sostenido del programa espacial chino y la consolidación de Tiangong como una plataforma científica estratégica frente al dominio histórico de Occidente en la carrera espacial. Además, representa un nuevo paso de China hacia proyectos de habitabilidad humana a largo plazo fuera de la Tierra.




