
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE, firmó un contrato por 16,7 millones de dólares para adquirir 6.000 pares de guantes eléctricos diseñados para someter rápidamente a personas detenidas o consideradas resistentes.
La compra se realizó después de que la agencia conociera un estudio del Ejército que concluyó que estos dispositivos podían provocar dolor intenso y reducir la resistencia en cuestión de segundos.
“Solo ver el guante era suficiente para hacerlos querer obedecer”, señalaron los autores del estudio militar tras las pruebas realizadas en Fort Leavenworth, Kansas.
Durante los ensayos, empleados del Ejército que simularon ser prisioneros dejaron de resistirse poco después de recibir las descargas. El informe indicó además que algunos participantes experimentaron fatiga, dolor muscular y temor a volver a ser sometidos al dispositivo. A diferencia de un Taser, el guante no inmoviliza el cuerpo, sino que actúa sobre las terminaciones nerviosas de la piel para generar dolor.
“Puede causar ‘dolor intenso’ y forzar la obediencia. No demuestra que sea seguro”, advirtió Chioma Chukwu, directora ejecutiva de American Oversight.
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ICE defiende los guantes como una herramienta de “distracción y desescalada” que, según la agencia, permitiría controlar situaciones violentas sin recurrir a fuerza potencialmente letal. El contrato contempla que el fabricante entregue el equipo en un plazo de seis meses, mientras la agencia continúa definiendo protocolos de entrenamiento y uso. Cada par cuesta 2.495 dólares.
Las dudas persisten, sin embargo, por las advertencias sobre su utilización en personas vulnerables. El propio fabricante desaconseja aplicarlos sobre niños, mujeres embarazadas o personas con discapacidad, mientras un grupo de senadores ha reclamado a ICE explicaciones sobre las reglas que regirán su despliegue y los mecanismos para evitar abusos.




