
Itamar Ben-Gvir es hoy la cara visible del fascismo israelí, pero su ascenso comenzó cuando el ejército de su propio país le prohibió cumplir el servicio militar obligatorio siendo adolescente, al considerar que sus posturas eran «demasiado extremas«.
Nacido de inmigrantes iraquíes, Ben-Gvir encontró cobijo en el movimiento kahanista, una vertiente de extrema derecha declarada terrorista en Israel en 1994 y en Estados Unidos en 2004. De esa corriente adquirió las ideas que hoy difunde: la expulsión de los palestinos, la expansión de los asentamientos y el desprecio absoluto por la vida de los civiles en Gaza.
Su militancia en grupos radicales le valió múltiples arrestos y condenas. Ha sido condenado ocho veces por delitos que incluyen racismo y apoyo a una organización terrorista.
Un ministro de Seguridad “incómodo”
El movimiento kahanista, se convirtió en el partido político Otzmá Yehudit en 2012. En 2022, con Netanyahu derrotado políticamente, su única salvación fue una alianza con el movimiento radical, convirtiendo a Ben Gvir en Ministro de Seguridad Nacional.
Sus declaraciones y forma de actuar, le han valido condenas internacionales. En una entrevista con el exprisionero Rom Braslavski, Ben Gvir abogó por matar «30 o 40» palestinos en Gaza cada noche, bajo el pretexto de que “ni siquiera son personas”.
También pidió que «todo el Líbano arda» y afirmó que el derecho de un judío era “más importante que el de cualquier árabe”.
En agosto de 2026, el Centro de Gaza para los Derechos Humanos, denunció que su «cuota de matanza nocturna muestra un fuerte deseo de erradicar a los palestinos».
El rechazo dentro y fuera de Israel
Las críticas no solo provienen del exterior. El primer ministro Benjamín Netanyahu calificó su comportamiento contra los activistas de la flotilla como «no alineado con los valores y normas de Israel».
El canciller Gideon Sa’ar afirmó que Ben Gvir «ha causado daño a nuestro Estado en esta exhibición vergonzosa». La socióloga israelí Eva Illouz lo ha señalado públicamente como el rostro del «fascismo judío».
A nivel internacional, ocho países árabes e islámicos condenaron sus «actos horribles» contra los detenidos de la flotilla, calificándolos de «una clara violación del derecho internacional». Varias naciones, incluyendo el Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, le han impuesto sanciones de viaje y financieras.
Ben Gvir es, en definitiva, la cara visible de un movimiento que, basándose en manipulaciones y discursos emocionales, arrastra a Israel hacia el oscuro abismo del que algún día fue liberado.




