
Donald Trump ha presionado a diferentes países para limitar sus relaciones comerciales y estratégicas con China, pero ahora recibe a Xi Jinping con honores de Estado y negocia directamente con Beijing.
El encuentro en Washington contrasta con meses de amenazas, advertencias y medidas de su gobierno contra naciones que han buscado ampliar sus vínculos con la una de las economías más poderosas del mundo.
Presiones y amenazas de Trump
En enero, Trump amenazó con imponer aranceles del 100% a los productos canadienses si Ottawa alcanzaba un acuerdo comercial con Beijing.
“Si Canadá llega a un acuerdo con China, será inmediatamente golpeado con un arancel del 100 %”, afirmó.
Trump, aseguró que China “se comería viva a Canadá”, pese a que días antes había dicho que el país debía negociar con Beijing si podía conseguir un acuerdo.
La presión sobre América Latina
Las advertencias de Trump alcanzaron al Reino Unido. Cuando el primer ministro Keir Starmer viajó a Beijing para impulsar las relaciones económicas bilaterales, Trump calificó de “muy peligroso” ese acercamiento.
En América Latina, Washington ha ido más lejos al cuestionar inversiones chinas en infraestructura, telecomunicaciones y minerales estratégicos y ha presionado a gobiernos de la región para reducir la presencia de Beijing en sectores que considera sensibles.
Panamá, en el centro de la disputa
El Canal de Panamá se convirtió en uno de los principales focos de esa ofensiva. Trump ha acusado reiteradamente a Beijing de buscar el control de la vía interoceánica.
“China está intentando apoderarse del Canal de Panamá y no voy a permitir que eso suceda”, señaló Trump.
La ruta, sin embargo, continúa bajo administración panameña, por lo que las afirmaciones sobre un supuesto control chino corresponden a la posición sostenida por Washington.
La presión estadounidense se ha extendido a otros puntos de América Latina. La administración Trump ha cuestionado proyectos chinos en Perú, especialmente alrededor del puerto de Chancay, y adoptó restricciones de visado contra funcionarios de Chile en medio de una disputa relacionada con un proyecto de cable submarino hacia China.
Washington acusó a China de aprovechar sus inversiones y acuerdos comerciales para ampliar su influencia en América Latina, y pidió a los gobiernos de la región actuar con cautela frente a Beijing.
“Durante demasiado tiempo, actores extrarregionales respaldados por Estados, específicamente de China, han entrado en nuestro hemisferio con promesas que enmascaran sus prácticas depredadoras. Su participación con demasiada frecuencia adopta la forma de contratos opacos, cargas de deuda insostenibles, explotación de trabajadores y destrucción ambiental”, expresó el Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio antes de su gira por Colombia, Ecuador y Perú, en septiembre 2026.
China, rival y socio cuando Washington lo necesita
La misma competencia alcanza la inteligencia artificial. Trump presenta a China como el principal rival tecnológico de Estados Unidos y ha defendido acelerar el desarrollo estadounidense para conservar su ventaja.
“Hay una conspiración ENFERMIZA contra la IA y los centros de datos, y el único que está contento con eso es China. ¡QUIEN GANE LA IA, GANA!”, declaró Trump recientemente.
Sin embargo, la IA, el comercio, los aranceles y las tierras raras forman ahora parte de sus conversaciones directas con Xi.
El contraste marca la política de Washington. Mientras presiona a otros países para contener sus vínculos con Beijing, Estados Unidos mantiene abierta su propia negociación con China cuando están en juego sus intereses económicos y estratégicos.
La visita de Estado de Xi Jinping a Estados Unidos comenzó el 23 de septiembre y concluirá el 25, por invitación de Donald Trump, informó la Cancillería china.




