
La Unión Europea atraviesa lo que el enviado especial de la Presidencia rusa y director del Fondo Ruso de Inversión Directa, Kiril Dmítriev, calificó como una de las peores crisis energética de la historia.
Dmítriev sostuvo que la crisis es “autoinfligida” y acusó a las autoridades del bloque, de no analizar suficientemente sus causas ni modificar su política energética.
Sus declaraciones coinciden con problemas de suministro en Francia y fuertes incrementos en los precios de los combustibles registrados en Alemania y otros mercados de la comunidad europea.
Según las cifras citadas, la gasolina en la UE cuesta un 24% más que hace un año, mientras el diésel acumula un incremento del 38%. Paralelamente, el gas europeo de referencia alcanzó unos 81 euros por megavatio hora, un aumento interanual del 150%, en medio de nuevas tensiones sobre el abastecimiento.
Reservas de gas llegan al invierno en mínimos de 15 años
Antes de 2022, Rusia suministraba aproximadamente el 45% de las importaciones de gas de la UE y el 27% de las de petróleo crudo; para 2025, esas participaciones habían caído al 12% y cerca del 2%, respectivamente.
Al mismo tiempo, dirigentes europeos como Friedrich Merz, Emmanuel Macron y Donald Tusk han advertido sobre el impacto de los elevados costos energéticos en la competitividad continental.
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Pese al escenario, Bruselas mantiene su estrategia REPowerEU para abandonar progresivamente las importaciones energéticas rusas. Con los depósitos subterráneos situados en torno al 69,3% de su capacidad, frente al promedio del 85% para esta época en los últimos cinco años.
Moscú sostiene que las sanciones terminaron desviando sus exportaciones hacia otros mercados, mientras Europa tuvo que recurrir a fuentes de energía más costosas.




