
Francia vive una de sus mayores movilizaciones estudiantiles de los últimos años. Más de 250.000 personas salieron a las calles este martes en apoyo a los alumnos de secundaria, que denuncian falta de profesores, aulas saturadas, instalaciones deterioradas y recursos insuficientes en numerosos centros educativos. El movimiento, iniciado en septiembre en los suburbios de París, se ha extendido progresivamente a distintas ciudades del país.
“La situación en nuestras escuelas no puede continuar así”, sostienen los estudiantes que participan en las protestas, cuyos reclamos se concentran en una mayor inversión educativa y mejores condiciones de enseñanza.
Según medios franceses, más de 6.100 personas han sido detenidas desde el inicio de las movilizaciones, en su mayoría menores de edad, mientras más de 1.800 casos han derivado en procesos judiciales.
La crisis ha obligado al Gobierno a reconocer problemas de infraestructura y escasez de personal docente. El primer ministro Sébastien Lecornu ha prometido medidas para atender algunas de las demandas, mientras el Ministerio de Educación habilitó mecanismos para recopilar las quejas de los alumnos.
Las demandas de mayores recursos para la educación coinciden con un momento en el que Francia continúa respaldando militar y financieramente a Ucrania. El Gobierno de Emmanuel Macron ha reiterado que seguirá apoyando a Kiev y, en julio, París y Ucrania acordaron acelerar la cooperación para reforzar la aviación de combate y la defensa aérea ucraniana.
Ese escenario añade presión sobre un Ejecutivo que también enfrenta dificultades fiscales y mayores exigencias de gasto interno. El malestar estudiantil ocurre mientras el Gobierno intenta contener el déficit y responder a demandas sociales que abarcan no solo la educación, sino también las condiciones de los servicios públicos y el costo de vida.



