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Los hechos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos fueron la antesala de una atrocidad aún mayor. Días después, el presidente George W. Bush declaró: «Esta cruzada, esta guerra contra el terrorismo, va a llevar un tiempo». La palabra “cruzada” ya evidenciaba que, en la mente de los señores de la guerra, se trataba de una guerra casi espiritual, un “nosotros contra ellos”.

Todo esto fue acompañado de propaganda y discursos que justificaron el actuar de Occidente en el mundo islámico. Voces como la del parlamentario neerlandés Geert Wilders, quien afirmó en mayo de 2017, que el islam en general es una ideología totalitaria malvada, reflejan el pensamiento de muchas élites de occidente. “No estoy hablando del islam radical, ni del islamismo, ni del extremismo; sino del islam puro y simple”, advirtió Wilders al público presente en la America Freedom Alliance.

La supuesta guerra contra el terrorismo dejó aproximadamente 4,7 millones de muertos, 38 millones de desplazados y un gasto militar superior a los 8 billones de dólares y cientos de crímenes de guerra documentados.

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Migración y discursos de odio

La crisis humanitaria desatada por las interminables incursiones militares, aumentó la migración de personas desde las zonas de guerra a Estados Unidos y Europa, y ahí el discurso de odio hizo efecto. En Estados Unidos, el 51% de los estadounidenses cree que el islam promueve más violencia que otras religiones.

En Europa, el Colectivo Contra la Islamofobia registró 876 casos en 2025, con las mujeres como 80% de las víctimas. Alemania documentó más de 4.000 incidentes antimusulmanes, un tercio más que el año anterior, y Francia sufrió un aumento del 88%.

La extrema derecha enfatiza que los inmigrantes son el problema, y no sus políticas exteriores. «Y yo vuelvo a repetir aquí que la invasión mata, que la importación de determinadas culturas trae problemas de seguridad y trae muertes», afirmó el político español Santiago Abascal.

De Afganistán a Irán: la narrativa continúa

Después de veinticinco años de guerras ininterrumpidas, Estados Unidos llevó su gastado discurso «antiterrorista» contra Irán, sugiriendo que la actual guerra es continuación de la iniciada en 2001.

Dicha narrativa fue contrarrestada desde el podio de Naciones Unidas. Con imágenes en mano, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, mostró las consecuencias de una guerra iniciada sin argumentos por Estados Unidos e Israel, y que ocasionó el asesinato de líderes iraníes y científicos, además de civiles y cientos de niños. «Quienes son terroristas y forman a terroristas nos describen a nosotros como tales. Nosotros no hemos hecho más que defendernos, no somos terroristas«, declaró Pezeshkian.